Geopolítica de las resistencias | La violencia que viene


Redacción
2025-12-11 14:00

La columna geopolítica de las resistencias retrata el control del crimen sobre las instalaciones del estado.

Quien controla los ductos y las aduanas controla la economía criminal del país.

 

“La violencia fue cayendo despacito, fue haciendo nudos, fue amarrando a la gente sin que se diera cuenta. Comenzó a caer por la noche y cuando despertamos estaba metida en medio de nosotros, manejando las cuerdas”

Alfredo Molano, Los años del tropel (1985)

Narcoterrorismo en México

México está entrando a una fase superior de violencia. No se trata únicamente del incremento de homicidios, ni del control territorial, estamos frente a una evolución del crimen organizado hacia tácticas que históricamente habían sido excepcionales: carros bomba, artefactos explosivos improvisados (IED) y ataques dirigidos contra infraestructura estratégica del Estado. Lo ocurrido recientemente en Michoacán no es un hecho aislado, es una anticipación firmada por el narcoterrorismo, que deberían legislar los políticos sobre ello y no negar su existencia.

El uso de los explosivos improvisados (IED) en México tiene 2 mil 186 registros aproximadamente entre 2018 y agosto de 2023. Para 2024, la presencia de IED se expandió a 25 estados, y el país presenció un nuevo resurgimiento de los carros bomba: Tlajomulco (2025), Coahuayana (2025), Acámbaro y Jerécuaro (2024), Celaya (2023), Tula (2021), Ciudad Victoria y Nuevo Laredo (2010), por mencionar algunos.

Estos artefactos no son improvisación. Son instrumentos de guerra, empleadas para mandar mensajes de poder, romper la capacidad operativa del Estado, generar terror y marcar control sobre territorios (con sus recursos) y poblaciones. Es decir, tienen una lógica geopolítica bien definida.  Lo ocurrido en Michoacán no es simplemente delincuencia organizada, es terrorismo en sentido estricto. Hay explosivos, intención de intimidar, ataques a infraestructura estratégica y coerción directa al estado. Negarlo no es una interpretación jurídica, es una renuncia política del deber de la Fiscalía General de la República y de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de México. 

 

Geopolítica del crimen

El patrón de ataques es claro, cada coche bomba coincide con proximidad a aduanas, ductos, poliductos, estaciones de Pemex, infraestructura energética o instalaciones de seguridad. No es casualidad

Los grupos de delincuencia organizada mexicanos han comprendido que controlar infraestructura es controlar flujos de mercancías, de combustibles, de dinero y de poder. Los ductos Salamanca–Guadalajara, Salamanca–Tula, Tula–Toluca, o las aduanas de Lázaro Cárdenas, Nuevo Laredo, Ciudad Miguel Alemán y Manzanillo aparecen repetidas veces como “zonas calientes” vinculadas a explosivos.

En palabras claras: quien controla los ductos y las aduanas controla la economía criminal del país. Pero la violencia no se explica solo por capacidad operativa del crimen. Se explica porque las instituciones están debilitadas o capturadas. La captura institucional ocurre cuando redes criminales penetran estructuras de gobierno, municipales, estatales o federales, para obtener protección, información o impunidad. México presenta signos avanzados de este proceso, policías municipales subordinadas a grupos criminales; ministerios públicos rebasados; alcaldes asesinados en Hidalgo, Michoacán, Guerrero y Oaxaca; gobernanza estatal reemplazada por una gobernanza criminal.

Lo que viene

La evidencia histórica que hemos analizado en Colombia, Pakistán o Irak, indica que cuando el crimen adopta tácticas de guerra, la escalada sigue el siguiente patrón: 

  1. Ataques a infraestructura prioritaria del Estado (ductos, carreteras, aduanas).
  2. Ataques a fuerzas de seguridad (patrullas, cuarteles, convoyes).
  3. Ataques a civiles, para instaurar terror y control social.
  4. Ataques a empresarios, mediante la extorsión y el secuestro.
  5. Ataques a políticos, para disputar gobernanza y capturar el poder local.

México ya ha cruzado las primeras tres fases; los asesinatos de alcaldes y empresarios en Michoacán, Guanajuato, Tamaulipas, Chiapas e Hidalgo indican que estamos entrando aceleradamente a la fase cuatro.

La explosión de carros bomba que mató a siete personas en Tlajomulco en 2025 y el ataque en Coahuayana el mismo año son advertencias: la violencia que viene será más letal, más estratégica y más política. Es un algoritmo casi matemático.

 

Advertencia final

México necesita una estrategia que no se limite al despliegue militar. Se necesitan instituciones blindadas frente a la captura (corrupción), inteligencia civil, coordinación interinstitucional, controles internos, depuración policial y una reconstrucción profunda del Estado. De no hacerlo, la violencia que viene será peor que la que ya vivimos. Y cuando el Estado pierde su monopolio de la fuerza, pierde también su soberanía.

 

Autor: Caballero de la geopolítica, Mario Cruz Cruz

Profesor investigador ICEA-UAEH



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