La brecha digital de género continúa siendo un obstáculo estructural
Redacción
2025-10-09 11:47
La tecnología no es neutral: la brecha digital de género sigue silenciando a miles de mujeres
Es sabido por todos, la incorporación de la tecnología en nuestro día a día y particularmente la apropiación de los procesos de la digitalidad han abierto grandes oportunidades para conocer nuevos espacios de interconexión facilitando el fluir de la información y de los procesos comunicativos, parece entonces que estamos frente a un horizonte de potencialidades democratizadoras de uso tecnológico.
Sin embargo, existen desigualdades que no se ven, que poco a poco dejan estragos y moldean silenciosamente otro tipo de procesos que se hacen visibles en ciertos sectores de la sociedad, uno de ellos, particularmente vulnerable, en el de las mujeres usuarias del ciberespacio y de las opciones que de ahí emanan pues todos los días corren riesgos al estar en desigualdad de acceso, de uso y sobre todo de alfabetización.
En la plenitud del siglo XXI, una de esas desigualdades se mide por la conexión a Internet, la capacidad de usar la tecnología y el poder decidir qué hacer con ella para incorporarla a la vida diaria abriendo paso a la llamada brecha digital de género y con ello, ya no es un asunto meramente técnico o estadístico, de hecho, se convierte en un reflejo de las viejas jerarquías patriarcales que organizan el mundo.
Detrás de cada mujer que no puede acceder a una computadora, a una red segura o a una educación digital real, detrás se esconde una estructura de poder que le dice con mensajes disfrazados que su voz no importa tanto como la de otros que de manera permanente están ahí presentes. En un mundo hiperconectado, donde los algoritmos deciden qué se ve, qué se dice y a quién se escucha, la exclusión digital se ha convertido en una forma contemporánea de silencio. Podemos decir que es una nueva manera de marginar, de restringir y limitar la ciudadanía de las mujeres; las mujeres no ocupan el mismo lugar en ese mapa.
El acceso a la tecnología sigue siendo desigual, según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la brecha global entre hombres y mujeres conectadas a internet es del 17%, y en regiones como África o Asia del Sur esa diferencia puede duplicarse y el problema realmente no es ese, pues aun cuando las mujeres logran conectarse, se enfrentan a usos restringidos, menor capacitación y sobre todo a un desalentador panorama de violencia digital.
En otras palabras, no basta con estar conectadas; es fundamentalmente necesario considerar la comprensión de las nuevas dinámicas impuestas por la tecnología, así como usar de manera estratégica y eficiente para sentir seguridad en sus espacios.
Si algo nos enseñan las nuevas tendencias feministas contemporáneas es que las desigualdades no son horizontales, de hecho, no se trata solo de una brecha entre hombres y mujeres, sino de una multiplicidad de brechas superpuestas y estructurales; la Confederación de organizaciones no gubernamentales (OXFAM) advierte que la tecnología, lejos de ser neutral, reproduce y amplifica las desigualdades preexistentes. El diseño de algoritmos, las políticas de conectividad, los contenidos mediáticos y los espacios laborales del sector tecnológico están dominados por una visión masculina, urbana y occidental.
La tecnología no discrimina por accidente, lo hace porque fue diseñada desde una mirada parcial del mundo.
Autora: Sandra Flores Guevara
Profesora investigadora del área académica de comunicación UAEH
