Logros, alcances y algunos inciertos a 30 años de la Declaración de Beijing


Redacción
2025-09-29 10:36

A 30 años de la Declaración de Beijing hay avances en igualdad y derechos de las mujeres, pero las brechas persisten.

Expertas advierten que los logros siguen siendo frágiles ante movimientos conservadores y crisis globales.

La Declaración de Beijing realizada en 1995 es sin duda el parteaguas y uno de los hitos más significativos en la historia contemporánea de los derechos humanos de las mujeres. Marcela Lagarde, antropóloga y especialista en estudios de género, reconoce que dicha declaración es un “mandato civilizatorio” porque en ella se articularon, por primera vez a nivel global, los principios del feminismo con compromisos concretos, a tres décadas de distancia, el balance debe hacerse desde una mirada crítica que confronte sus límites y las brechas aún existentes entre discursos y realidades.

30 años sirven para decir que hay logros evidentes reflejados en el reconocimiento normativo y en la legitimación del lenguaje de género dentro de organismos, instituciones y Estados; tal como lo refieren algunas estudiosas del género, Beijing abrió el camino para que el feminismo dejara de considerarse una agenda sectorial y se integrara como un asunto de derechos humanos universales; con ello, se multiplicaron leyes sobre violencia de género, cuotas políticas y programas de empoderamiento económico. La Organización de las Naciones Unidas-Mujeres destaca que en muchos países aumentó el acceso de niñas a la educación y se redujo la mortalidad materna.

No obstante, lo que hoy se discute en la sede neoyorkina de la ONU en su 80 aniversario está centrado en cuestionar si esos avances resultan parciales y frágiles, pues aún existe feminización de la pobreza, violencia feminicida y restricciones a los derechos sexuales y reproductivos los cuales hacen evidencia que los compromisos asumidos en 1995 no se tradujeron en transformaciones estructurales. 

A 30 años, los retrocesos también son evidentes ya que la expansión de movimientos antifeministas y conservadores ha puesto en cuestión derechos ya conquistados, especialmente en salud reproductiva y derechos digitales, menos mal, en ese sentido, se abren caminos para continuar en el diálogo y la búsqueda de soluciones. 

El año pasado la ONU advirtió sobre las crisis globales —como la pandemia de Covid-19, la emergencia climática y los conflictos armados— y han hecho hincapié en profundizar sobre la desigualdad de género y las amenazas con revertir los avances logrados en décadas. Ya veremos a qué conclusiones llegan en esta edición número 80 de la Asamblea, por cierto, encabezada por una talentosa política alemana, Annalena Baerbock.

La Declaración de Beijing fue, y sigue siendo, un marco de referencia fundamental. Sin embargo, el reto no es únicamente mantener sus principios, sino radicalizarlos frente a las aparentes nuevas corrientes de pensamiento y los discursos antifeministas. Celebrar los 30 años implica reconocer que la igualdad formal no basta: sin voluntad política vinculante, recursos suficientes y políticas interseccionales, la plataforma corre el riesgo de quedar como un archivo histórico más que como una hoja de ruta viva. Es urgente y necesaria una actualización de la agenda con perspectiva de género y sin techos frágiles que en el primer paso se rompan en mil pedazos como un delgado cristal. 

Autora: Sandra Flores Guevara
Profesora investigadora del área académica de comunicación UAEH



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